Sí, sí, controlamos…

EN nuestra vida diaria utilizamos muchas cosas: el móvil, el ordenador, los interruptores de las luces, el coche (los que pueden legalmente, claro), el ventilador o calefacción.   Esto nos produce una sensación de control sobre nuestro entorno más inmediato, y por tanto de seguridad (¿Quién dormiría sabiendo que hay un escorpión suelto en la habitación?).

Pero no es oro todo lo que reluce y no controlamos tanto como parece. No me refiero a las conspiraciones internacionales -que haberlas, las hay-, sino a unos accionadores que nos rodean y proporcionan parte de esa sensación de control que comentaba antes.    
Son los llamados “botones placebo”.

Son pulsadores de apariencia “normal” (un botón habitualmente acciona algo), pero en realidad apretar estos botones es inútil, puesto que no activan nada. Por ejemplo, cuando se aprieta un botón de un semáforo, se espera que el “hombre verde” se encienda antes. Nada más lejos.

Está demostrado que muchos de los “botones para cruzar” de considerables ciudades no están conectados eléctricamente al sistema de tráfico.

Pero no sólo hablamos de botones para cruzar la calle, sino de falsos termostatos en oficinas. Cuenta la leyenda que las oficinistas de un empresario se quejaban constantemente del calor. Éste, cansado de sus lamentos, hizo instalar termostatos en cada zona de trabajo de las oficinistas. Una vez instalados, cuando hacía calor regulaban la temperatura y seguían trabajando. El empresario ya no recibió más quejas. Todos felices, salvo que los termostatos no estaban conectados a ningún sistema de calefacción o refrigeración: TERMOSTATOS PLACEBO!!

Pero aún hay más…

…ese botón que echamos en falta en los elevadores que carecen de él: el pulsador accionador del cierre de las puertas.

Presionarlo es en muchos casos totalmente inútil, porque no está ni siquiera conectado al panel electrónicoque regula el resto de botones, pero lo seguimos “pretando” cada vez que nos lo encontramos en un elevador para que las puertas se cierren más rápido de lo que lo haría  el temporizador normal.

A mi modo de ver, hace la misma función que esos objetos o peluches “antiestrés” que caben en la palma de la mano. Son completamente inútiles -algunos incluso en el sentido estético- y para lo único que sirven es para canalizar la tensión. Prueba de ello es que estos botones se pulsan varias veces, cuando en caso de que funcionasen solo sería necesaria una pulsación.

 

 

Sólo podremos conjeturar, porque la Interpol nunca abrirá una investigación sobre este aspecto. De todas formas, el rigor científico me impulsa a recordar que existen soluciones más fáciles que el engaño constante. Por ejemplo, los pulsadores de los semáforos, en vez de haber sido puestos ahí a propósito, pueden haber sido botones que en su día gozaron de utilidad y que en la actualidad por negligencia se han deteriorado y estropeado.

Un pensamiento en “Sí, sí, controlamos…

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